Transcendencia en la infancia

Observando lo que pasa en nuestra sociedad apresada y consumista, observamos que en ella existe un gran vacío espiritual.

Aun cuando las familias dicen pertenecer a una religión, el tiempo y lugar que esta ocupa en su día a día lleno de estrés es casi irrelevante.

¿Cómo van los niños a construir una vida interior y una espiritualidad rica en el carrusel de transportes y horarios que les imponemos?

¿Cómo podrán buscar y experimentar la transcendencia, aquello que esta para además de la propia supervivencia diaria, de aquí y de ahora, dando así un sentido a sus vidas, a su existencia y al mundo al que pertenecen?

Ahora, crecer, crecer en harmonía, no solo es ser capaz de andar y hablar como los otros seres humanos. No es solo ir al colegio, aprender a leer, escribir y contar, dominar una profesión, ganar un salario. Todo niño ha de crecer, ha de desarrollarse, ha de construir una identidad a medida que descubre su universo, esa identidad que asienta la comprensión de su propio origen, de sus raíces y de su fe y esperanza de futuro.

El hecho de que nosotros, padres, abuelos, profesores, no hayamos optado por una religión no nos retira de la responsabilidad permanente del crecimiento espiritual de nuestros niños. El vacío en el que en muchas ocasiones son educados porque queremos ser neutros se vuelve más adelante insostenible para muchos adolescentes y adultos que no han encontrado significado para sus condiciones de vida actuales, no consiguiendo dar un sentido al sufrimiento o a la soledad y buscan frecuentemente en la droga, la violencia o incluso el suicidio una razón o una salida para algo que no saben interpretar.

¿COMO EDUCAR LA ESPIRITUALIDAD?

Todo niño/a nace con una dimensión espiritual, con potenciales en este dominio que no dependen de él para  procesar o no una religión. Los autores creyentes y agnósticos, que estudian el desarrollo infantil están de acuerdo en este punto y entonces podemos afirmar que es la elección y la vivencia de una religión la que va a sentar las bases de la espiritualidad de una religión que fue desde pequeño desarrollada.

Los potenciales que el niño/a manifiesta desde el nacimiento y que constituyen su dimensión espiritual, necesitan en tanto de estímulo y de apoyo para que se desarrollen y profundicen: la capacidad humana de amar y el deseo de ser amado, la capacidad de pensar, de reflexionar interrogándose constantemente, la capacidad de juzgar y decidir, el tan necesario espíritu crítico, la capacidad de comunicar entendiendo a los otros y haciéndose entender, es lo que da a los humanos una dignidad espiritual y una dimensión transcendente.

Solo que estas maravillosas aptitudes son, en nuestros niños, como semillas y al mismo tiempo fuentes de energía… para que se vuelvan capacidades plenas y vigorosas requieren, como las plantas, un buen ambiente y el estímulo adecuado.

CULTIVAR LA VIDA INTERIOR

Es la vida interior la que va a permitir que el niño/a se vuelva poco a poco más autónomo, saber escoger e ir construyendo su propia consciencia de lo que es el bien y de lo que es el mal, de sus valores y de sus límites. Para eso necesita tener tiempos y espacios propios, desde muy joven, y es esencial el respeto que padres y educadores consiguen tener por los sentimientos que el niño/a manifiesta, no acribillándolo a preguntas cuando esta mas callado o incluso triste, pensativo, o por el contrario muy alegre. Cuando juega solo con sus muñecos, o cuando empieza a querer estar con la puerta cerrada en  el cuarto de baño. Los momentos de silencio son tan enriquecedores para la intimidad como una buena conversación y producen marcas en los más pequeños.

Aquí se enuncian algunos aspectos de la espiritualidad en la infancia, pero esta es tejida por muchos otros, sustituidos y fácilmente aplastados por el consumismo y por la agitación de la vida cotidiana.

Es importante ayudar a los niños a desarrollar su espiritualidad, pues será a través de  esta como conseguirán sobrevivir a los altibajos de la vida y le llevara a entender los fenómenos en los que han de participar.

Es importante pasarles el testimonio de aquello en lo que creemos, de nuestra búsqueda de la verdad pues así pueden aprender a lidiar con las grandes cuestiones de la existencia: la búsqueda de la felicidad, la necesidad de amar y ser amado, el miedo a la muerte, el enfrentamiento al sufrimiento, la esperanza de un mundo mejor.

Fomentar la generosidad

¡Solo quien nunca lidio con los niños ignora la alegría y el entusiasmo que sienten cuando vuelven a alguien más feliz! Hacer un recado, una sorpresa, dar un regalo a una persona que les es querida… cuidar de otros, en el caso de más mayores, participar de una campaña justa, luchar por una causa… les hace vibrar. Los adolescentes, como sabemos, se balancean entre el narcisismo más estéril y el altruismo más utópico. ¡Pero nuestras actitudes tienen una gran influencia en los más jóvenes! ¿Seremos nosotros capaces de valorar, o dar, o agradecer, cuando estamos tan acostumbrados a comprar y vender?

Ideas para estimularla

-Para muchos padres y también para los educadores y profesores, no es fácil obtener  la perspectiva de su día a día con los niños, tiempos y ocasiones dedicadas a la espiritualidad… Un buen ejemplo es la navidad. ¿Es que  por ser pequeños los niños solo van a recibir los ambicionados regalos, o es posible llevarlos a regalar? La respuesta está en las ideas creativas  que muchos educadores encuentran para que los niños ¡hagan un regalo de navidad para sus padres!  ¡Cómo  van a casa de orgullosos y con qué alegría ven a sus padres desenvolver el marco que pintaron o el angelito de barro para poner en el pesebre! Pues también en casa los niños podrán hacer con sus pequeñas manos un recuerdo para el educador, para el abuelo, para el padrino, aunque sean unas galletas amasadas y recortadas por ellos, van seguro a enternecer a los adultos a los que van destinados. Así  la navidad cobra otro sentido y lo niños aprenden a pensar en los demás antes de satisfacer sus propios caprichos.

-Muchos niños crecen sin hermanos y a veces en familias muy reducidas. Tienen pocas oportunidades de convivir con ancianos y deberán crecer con otros niños, lo que no les permite aprender cómo se cuida a alguien. Siempre que sea posible póngalos en contacto con vecinos, familiares y amigos con los que puedan tener esas experiencias, pensando junto con ellos como ayudar a quienes tienen poca salud y están cansados o como se puede entretener un bebe durante un encuentro de familia para que los adultos tengan unos minutos de descanso.

-Lo más importante, por tanto, es saber escuchar a los niños. Reconocer aquellos momentos fundamentales en los que nos dice lo que está en su alma, en los que hace una pregunta que nos espanta por su profundidad y que da origen a una conversación tan rica  y significativa… ¡Esto es lo que no se puede programar! Muchas veces tenemos que saber interrumpir una tarea, una dislocación, aprovechando la intimidad que se crea con nuestro hijo o con un niño de nuestro grupo de niños, pues solo así podemos conocerle mejor y que el aprenda que puede confiar en nosotros. Sin olvidar que una buena conversación debe tener pausas, es decir, tiempos de silencio que nos permitan reflexionar y comprender la comunicación con el otro.

-¡El ritmo al que vivimos no juega a favor de la intimidad ni de la dimensión espiritual de la vida! Cada vez afrontamos más tareas y más actividades en nuestro día a día y en la rutina de los más jóvenes… ¡los pediatras afirman que los niños sufren ya de estrés! Y muchos tienen poco tiempo hasta para jugar. Además para mirar  nuestro interior, para enriquecer nuestra vida interior, para entendernos mejor con los demás, es necesaria la calma, el silencio y la disponibilidad. Un desafío que queda parta los padres y educadores, es que consigan cambiar alguna cosa de la organización de sus vidas, permitiendo así crear un desarrollo más humano y caluroso, una intimidad autentica como sus hijos.

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