Inteligencia emocional (expresar alegría, tristeza, enfado o miedo…)

Todos los niños, en mayor o menor grado, se enfadan. El enfado es saludable, es una forma de expresar nuestros sentimientos negativos.

¡Enfadarse es fácil, saber enfadarse es difícil!

“Miguel, con tres años de edad  estaba jugando con un coche azul y Teresa, en cuanto que pudo, se lo quito de la mano y salió corriendo. Miguel comenzó a llorar y corrió detrás de ella a empujarla.”

Cualquier persona que viese esta situación comprendería a Miguel. En efecto, Miguel se enfadó con derecho y nosotros como adultos debemos aceptar este sentimiento de enfado. Lo que no podemos aceptar es el comportamiento que le fue asociado. Podríamos llamar a Miguel y decirle: “Debes de estar muy  enfadado y tienes motivos para estarlo; pero eso no te da derecho a empujar a Teresa; ¿Qué crees que podrías hacer la próxima vez que te ocurra?”. Esta actitud  ayudara a Miguel a desarrollar su inteligencia emocional.

Actualmente la educación no se basa únicamente en los procesos  intelectuales, poniendo gran énfasis en la educación emocional.

El psicólogo Daniel Goleman, en su libro “Inteligencia Emocional”, refiere que la misma es la principal responsable del éxito o fracaso de las personas. Empíricamente todos sabíamos que la falta de motivación para una tarea o la falta de confianza en las propias capacidades intelectuales eran suficientes para afectar al desempeño de la tarea. La novedad de Goleman fue probar el soporte neurofisico de esa ligadura entre la cabeza y el corazón (entre las capacidades pensadoras del neocórtex y la amígdala, órgano muy bien escondido en el complejo sistema que controla las emociones).

El niño, desde que comienza la guardería o el jardín de infancia vive en grupo, una fase en la que aún es muy egocéntrico y tiene que compartir los adultos, el espacio y los juegos con todo un grupo de niños. Sus emociones son aún muy primarias, y, si le ayudamos a lidiar con los diversos sentimientos, estamos contribuyendo a su estabilidad emocional y en consecuencia a su capacidad para ser feliz. Desarrollar la inteligencia emocional es estimular en el niño las capacidades de confianza, curiosidad, intencionalidad, autocontrol, capacidad de relacionarse, capacidad de comunicación y cooperación.

Desde esta perspectiva, padres y educadores deben aprovechar todas las oportunidades del día a día para desarrollar la inteligencia emocional de los niños. De nada sirve tener un cociente de inteligencia (CI) muy elevado si el CE (cociente de inteligencia emocional) es muy bajo. Todos conocemos casos de niños extremadamente inteligentes que, por no conseguir lidiar con emociones,  no confían en sus capacidades y no responden adecuadamente a las situaciones de su alrededor. Ser emocionalmente inteligente es “usar el CI” para percibirse a sí mismo y a los demás, para gestionar sus talentos y aprender de sus fracasos.

La parte más  optimista de los principios en relación a la inteligencia emocional, es que no es una competencia exclusivamente innata. Cuanto más adecuada fuera la educación, mayor será el nivel de inteligencia emocional. Lo fundamental es que los conceptos envueltos en la inteligencia emocional sean comprendidos y puestos en práctica desde que el niño nace y se comienza a construir como un ser cada vez más independiente. Saber enfadarse, saber crear las propias motivaciones, controlar el miedo y la ansiedad, saber si el miedo que sentimos resulta un peligro real, o si, por el contrario es un obstáculo a traspasar, saber reconocer las oportunidades – las buenas y las mejores; saber adaptarse a las realidades culturales y sociales de su país, en fin, saber vivir.

Aprender a lidiar con las emociones…

… es aceptar el sentimiento (alegre, triste, enfadado, asustado), pero no es un comportamiento inadecuado con el que se expresó ese sentimiento.

Existen en el mercado diversas colecciones de libros que tratan las diferentes  emociones y que son siempre un óptimo punto de partida para desarrollar la inteligencia emocional.

Los padres y educadores pueden también organizar juegos con los niños utilizando el “dado de las emociones” y las “cartas-estimulo” que están incluidos con esta revista.

INSTITUTO IASE.

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